Disrupción inteligente aplicada a la creatividad

El otro día, en la sala de espera de una clínica dental, una mamá jugaba con su pequeña a colorear cuaderno con dibujos de Peppa Pig. La mayoría de las páginas habían sido coloreadas con sumo cuidado; cada color ocupaba su lugar correspondiente sin sobrepasar ninguna de las gruesas líneas negras que delimitaban el dibujo.

Después de un rato contemplando la escena pude percibir cómo la pequeña, que tendría alrededor de 6 añitos, recibía una instrucción de su madre. Me acerqué y le dije con gesto risueño:

– Disculpe la molestia, ¿es su hija? – Si

– Estoy completamente seguro que tanto usted como su profesora le han aconsejado que no se salga más allá de las líneas que delimitan el dibujo ¿no es así?

– Claro. Me miró extrañada antes de responder afirmativamente y no creo que dudase ni un segundo que su respuesta podría no ser la más acertada.

Damos muy poca importancia a estos pequeños detalles. Pero nos conducen a un problema cultural que vamos alimentando a lo largo de toda nuestra vida. Con el paso del tiempo asumimos que todo el mundo puede poner líneas gruesas para que podamos colorear sin salirnos. Esto provoca que nuestra zona de confort cada vez sea más grande.

En las empresas ocurre más de lo mismo, sólo que en su caso las gruesas líneas negras podrían ser: el tiempo, la supervisión, el control y la recompensa excesiva, la limitación en la capacidad de elección, las elevadas expectativas… etc.

Por eso me gustaría romper otra lanza a favor de la creatividad; apelar, una vez más, a la disrupción inteligente. Tenemos que intentar evitar que los trabajos estén excesivamente supervisados o las evaluaciones críticas, son inhibidores de la creatividad.

No debemos decir a los niños de manera detallada cómo han de hacer los deberes, juegos, etc., disminuye el tiempo de exploración. Por otro lado, tampoco son buenas las excesivas recompensas porque hacen que disminuya el placer intrínseco de la creatividad.

Ken Robinson cuenta una historia que le sucede al visitar un colegio. Resulta que se encuentra a una niña dibujando y le pregunta:

– ¿Qué dibujas?

– La cara de Dios. – Respondió ella

– Pero… ¿Nadie sabe cómo es?

– ¡Mejor! – dijo ella sin dejar de dibujar -, ahora en un minuto lo sabrán.

Dice Ken Robinson que “Todo niño es un artista.” Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.

Así que volviendo a la consulta del dentista donde había dejado a la mamá con su hija. ¿Sabéis que fue lo último que le dije a la pequeña? Imagina que Peppa Pig es un elefanta con alas. 

Después la puerta de la sala se abrió, era mi turno. Abandoné la sala con una gran sonrisa cuando vi como la niña estaba mezclado el rosa con el azul, le había dibujado una enorme trompa a Peppa, le añadió alas, se las pintó de verde, incluso añadió alguna nube roja…

Estaba rompiendo las reglas, una preciosa disrupción para contar la historia de Peppa Pig, la elefanta con alas.

~Dedicado a mis peques Paula y Daniela porque ellas entienden de lo que estoy hablando~