La ambición como motor de la superación

La mayoría de nosotros consideramos la ambición como algo negativo, solemos utilizarlo de manera peyorativa porque nos viene a la mente la típica persona con una filosofía muy clara “el fin justifica los medios”. Socialmente sabemos que destacar no está bien visto, como tampoco el inconformismo y mucho menos la ambición, pero si queremos mejorar cualquier aspecto de nuestra vida, la ambición es un motor necesario.

Tenemos completamente estigmatizados los conceptos de ambición y más si lo asociamos a empresario y empleado. Un empresario con ambición solo piensa en ganar dinero, un empleado con ambición es un trepa, en cambio un emprendedor con ambición es un creativo luchador 😯  Como normal general, cuando hablamos de los empresarios, asociamos su ambición a la avaricia y a la falta de escrúpulos, de igual forma que cuando tenemos un compañero inconformista y ambicioso, no hay duda que es un auténtico trepa.

Vamos a ponernos a pensar en un empresario, un emprendedor y un empleado sin ambición. ¿Cuál de los tres sería capaz de “sobrevivir” en el mercado laboral? 🙄

Empresario sin ambición: Si partimos de la base que quedarse en la “famosa” zona de confort  es carecer de la ambición necesaria para mantenerse en este mercado competitivo y en constante transformación, una empresa que no busca la mejora continua está abocada al fracaso, por tanto la ambición debe formar parte de la personalidad del empresario.

Emprendedor sin ambición: No tiene ningún sentido ser emprendedor sin ambición, es básico en las personas emprendedoras su predisposición a buscar nuevos retos y luchar en cumplirlos.

Empleado sin ambición: Puede “sobrevivir” en tan solo una situación: Si el empleado está contento desempeñando su trabajo y el puesto no requiere nada más que se realice correctamente, sin aspiración de nuevos retos. (Este tema es muy importante a la hora de seleccionar y gestionar el talento).

Foto obtenida de la página web desmotivaciones.es

No hay ninguna duda que si queremos mejorar o evolucionar profesionalmente, la ambición es imprescindible e incluso en algunas profesiones puede marcar la diferencia.

En tecnología, los mejores profesionales que he conocido tiene ese “puntillo” ambicioso que les empuja a:

  • Buscar soluciones creativas
  • Ayudar a los demás a que logren sus metas
  • Percibir los obstáculos como retos que hay que alcanzar
  • Conseguir sus propósitos y sus sueños como parte de su crecimiento personal
  • Ser autocríticos y humildes,  gracias a su interés en mejorar y evolucionar
  • No sentir la necesidad de estar continuamente probando que son capaces de alcanzar todo lo que se propongan
  • Valorar y sentirse satisfechos con los logros obtenidos
  • Centrarse en mejorar cada día sin estar pendientes de controlar y “fulminar” a posibles competidores
  • Estar siempre preparados, listos y actualizados
  • Dedicar parte de su tiempo libre a aprender.

Conseguir lo que ahora mismo no somos, no hacemos o no tenemos forma parte de la ambición humana y no es ningún problema. La ambición es el término medio entre la codicia y la avaricia, no queremos ser, y mucho menos tener a nuestro lado personas tóxicas (como hablamos en posts anteriores), pero está demostrado que si queremos cambiar cosas que no nos gustan de nuestra vida, necesitamos ambición, bien encauzada para impulsarnos a hacer las cosas mejor, a no rendirnos, a ser perseverantes y a no “tirar la toalla” ante cualquier obstáculo que se nos presente. Nos permite ser capaces de disfrutar del proceso y genera gran satisfacción cuando nuestros éxitos son alcanzados, gracias a nuestro esfuerzo, motivación y actitud.

Como en casi todo en nuestra vida, es en el término medio donde está la virtud. La ambición en su justa medida está satisfecha de lo que tiene y no le obsesiona lo que no tiene 😉