Primero sentimos, luego pensamos

Las emociones mal gestionadas generan altos niveles de toxicidad a nuestro alrededor… por este motivo, no basta con hacer frente a nuestros estados de ánimo de una manera inteligente, sino hacerlo también sin perder la perspectiva del mundo que nos rodea. Debemos trabajar el compromiso responsable.

“La mejor manera de no mejorar es orientar la capacidad de crítica hacia el prójimo”  Paulo Coelho

Todos alguna vez hemos tenido la experiencia de levantarnos con las pilas puestas, desayunar y salir de casa cantando. Al llegar a la oficina nos sentimos indestructibles, tenemos la sensación de que será un gran día. Pero resulta que, transcurridos unos minutos, una tormenta de emociones nocivas que pasaba por allí cae sobre nosotros y hace que nuestro estado emocional cambie radicalmente.

En ocasiones también ocurre lo contrario, hay personas y/o contextos que nos levantan el ánimo en un día difícil. Esto probablemente sea menos común por la facilidad que tenemos los seres humanos para sucumbir a las emociones negativas y al pesimismo. Nos supone un esfuerzo extra apartar nuestro ego e intentar sumar esfuerzos para superar los niveles altos de incertidumbre. Es digno de admiración el momento en el que una persona libremente decide luchar contra su circunstancia y compartir su experiencia para ayudar a otra.

Team Work

“Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces ambos aún tendremos una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea y las intercambiamos, entonces tendremos dos ideas” George Bernard Shaw

Hay una larga lista de habilidades a través de las cuales cada individuo puede mejorar el nivel de colaboración. Destrezas como la autoconfianza, la empatía, abanderar el pensamiento positivo, resolver conflictos de una forma ética, autocontrol emocional… suponen más del 30% de la productividad de un equipo.

La colaboración se relaciona con la inteligencia colectiva que a su vez está directamente relacionada con la inteligencia emocional. Un experimento realizado en la universidad de Cambridge clarifica el tema. De un análisis de 120 equipos gerenciales simulados que debían tomar decisiones en nombre de una empresa, se demostró que las mejores decisiones no las tomaban los equipos formados por personas dotadas de alto coeficiente intelectual sino los menos brillantes “individualmente”. Esto se debió a que los más inteligentes perdían tiempo en el debate competitivo demostrando sus facultades académicas y ninguno se preocupaba por ejercer las demás funciones necesarias para la coordinación del equipo: planificación, recolección de información, elaborar un plan de acción, etc.

Trabajo en equipo

Cuando la emocionalidad del equipo tiende a ser positiva se reducen las tensiones que interfieren directamente con las relaciones cotidianas. En el caso de que surjan conflictos es importante apelar a las habilidades mencionadas anteriormente y localizar estímulos positivos que mejoren la percepción y la predisposición a la colaboración. Las discrepancias suelen originarse por la diferencia de opiniones, cada individuo debe entender que la felicidad no está en el hecho de ver sus ideas sobre la ideas de otros sino en sumarlas para crear algo único. Como dice el Dr. Steve Covey “ganar-perder envenena a la gente” debemos de cambiar el paradigma ganar-perder por el ganar-ganar. (adjunto un video que aclara esto)

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Recientemente he estado leyendo con un concepto relacionado con la emoción colectiva, se trata de la psicoecoafectividad. La psicología emocional ecológica; el arte de transformar positivamente nuestras emociones. Esta corriente propone algunos principios para una óptima gestión de las emociones que pueden servirnos de utilidad dentro de un equipo:

Ley de la autonomía: ayúdate a ti mismo y todos te ayudarán
Ley de la prevención de dependencias: no hagas por los demás aquello que pueden hacer por sí mismos.
Ley del boomerang: todo lo que haces a los demás, también te lo haces a tí mismo.
Ley del reconocimiento de la individualidad y la diferencia: no hagas a los demás aquello que quieres para tí, pueden tener gustos diferentes.
Ley de la moralidad natural: No hagas a los demás aquello que no quieres que los demás te hagan a tí.
Ley de la autoaplicación previa: no podrás hacer ni dar a los demás aquello que no eres capaz de hacer ni darte a ti mismo.
Ley de la limpieza relacional: tenemos la responsabilidad de hacer limpieza de las relaciones que son ficticias, insanas y que dificultan nuestro crecimiento personal.

Recordad que un equipo es un organismo vivo y, como tal, tiene emociones propias; si esas emociones tienden a ser positivas aumentará la motivación y el compromiso. Si analizáis vuestros equipos desde este prisma podréis observar que en cualquier situación la emoción impulsa la acción.

Si ya pertenecemos a un equipo que tiene bien desarrollada su inteligencia emocional colectiva tenemos que ejercitarla, para ello es imprescindible incluir variables disruptivas. Si no hay disrupción, aparece rutina y si hay rutina se va oxidando de nuevo el músculo emocional que reducirá los niveles de pasión, motivación, creatividad, productividad… hasta hacerlos desaparecer.

En una época en la cual la comunicación persona a persona es escasa, en el sentido de las emociones personales, se dejan atrás las angustias, temores o cosas que simplemente les pasan a los miembros del equipo, perjudicando con ello el rendimiento del grupo. Un equipo con una buena gestión emocional y con una variable disruptiva latente se convierte en un equipo fuerte; en un equipo que colabora y que está perfectamente preparado para conseguir todo lo que se proponga.