Si no remas esa ola, jamás sabrás si ha sido la mejor de tu vida

Flexiono en el último instante y me impulso sobre las puntas de los dedos de los pies -ejerciendo la presión necesaria en el canto de la tabla para terminar el último giro contra la pared de la ola-, sintiendo como me deslizo por ella, cabalgando esa increíble energía que arrastra consigo. La ola termina de romper, conmigo flotando encima, y me dejo caer, sonriendo, entre el revoltijo de arena y espuma. “Ha sido con seguridad, la mejor izquierda que he cogido en mi vida” -pienso entusiasmado mientras empiezo a bucear para salir a la superficie e imaginando lo que me dirá Dani cuando se lo cuente- “¡Siempre dices lo mismo de todas las olas que coges pichón!” -riendo con complicidad-.

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